Reseña: Malasaña 32

Reseña: Malasaña 32

Incluso con instantes de terror efectivos, su mezcla de clichés, sinsentidos y el insufrible intento de asustarte cada 2 minutos con cambios en el volumen vuelven a la cinta una comedia desesperante.

Director: Albert Pintó

Protagonistas: Ramón Campos, Gema R. Neira

Género: Terror

Duración: 104 mins

Estreno: 6 de marzo del 2020

El terror suele ser un género infravalorado en la industria cinematográfica, y lo cierto es que de esto tiene una parte de culpa la abundancia de cintas que toman el camino fácil de los jumpscares y descuidan su historia y se decantan por incluir cuanto cliché puedan introducir en su rodaje. Malasaña 32 es justo eso, una cinta que logra crear terror pero que se construye en fórmulas repetitivas y un exceso de cambios de volumen y situaciones incoherentes que por momentos fatigan y en otros hasta se sienten cómicos.

Manolo y Candela se instalan en el madrileño barrio de Malasaña, junto a sus tres hijos y el abuelo Fermín. Atrás dejan el pueblo en busca de la prosperidad que parece ofrecerles la capital de un país que se encuentra en plena transición. Pero hay algo que la familia Olmedo no sabe: en la casa que han comprado, no están solos.

No hacen falta más que los primeros minutos de la película para dislumbrar la idea general de la cinta: una familia recién mudada que comienza a experimentar situaciones para normales en un hogar maldito donde todos los personajes se comportan de manera caprichosa para hacer caminar la historia. Y no hay tanto más en después.

Las motivaciones y prioridades de los personajes lucen inquietantemente acartonadas, hay detalles que están ahí para no llevar a nada, incluso el desenlace parte de un evento fortuito sin desarrollo que igual que aparece se desvanece sin la mayor relevancia o explicación. Y las actuaciones… bueno, no son consistentes entre ellas. En específico el niño cuya actitud luce poco natural y desconecta con la trama.

Es cierto que ya en la segunda parte la cinta consigue invadir con una atmósfera verdaderamente terrorífica y efectiva. pero este climax está rodeado de casi media hora inicial de incesantes y molestos cambios en los volúmenes de audio que intentan forzadamente de asustar al espectador con trivialidades como pasos normales, caída de ropa, cierre de cajones, cierres de puertas… todas acciones comunes que aparecen de la nada con el mayor volumen posible para generar un jumpscare sin sentido.

Y, también girando al rededor de este pico de terror encontramos infinidad de situaciones hilarantes que provocan en más de una ocasión risas involuntarias en el público: escenas de títeres “terroríficos”, erotismo “fantasmal”, incluso inclusión de género “espectral”.

Malasaña 32” entretiene en su género y debe verse como tal. Pero queda lejos de ser memorable o ser más de lo poco que promete. Sin duda el terror es un género lastimado y los intentos en habla hispana son limitados, pero se puede tomar experiencia de lo que funciona y lo que no para darle seriedad a historias futuras.