Reseña: Viviendo con el enemigo

Un gran retrato de la Alemania de la posguerra centrado en un romance poco interesante

 

Título original: The Aftermath
Director: James Kent
Reparto: Jason Clarke, Keira Knightley, Alexander Skarsgård
Género: Drama, Romance, Guerra
País: Estados Unidos
Año: 2019
Duración: 108 mins
Fecha de estreno: 17 de mayo de 2019

 

Por: Enrique Bohórquez

Mucho se narra sobre lo que nos lleva a la guerra y sobre la guerra misma, pero “Viviendo con el enemigo” crea un retrato impresionante de la Alemania de la posguerra, donde los escombros y la desesperanza crea múltiples historias tan trágicas como interesantes, donde precisamente la que se cuenta en ella es una de las más inverosímiles y menos atractivas.

VIVIENDO CON EL ENEMIGO se desarrolla en la Alemania de la posguerra, en 1946. Rachael Morgan (Keira Knightley) llega a las ruinas de Hamburgo bajo un frío intenso para reunirse con su marido Lewis (Jason Clarke), un coronel británico encargado de reconstruir la devastada ciudad. Pero mientras se dirigen a su nuevo hogar, Rachael queda pasmada al descubrir que Lewis ha tomado una decisión inesperada: compartirán la mansión con sus dueños anteriores, un viudo alemán (Alexander Skarsgård) y su problemática hija. El pesado ambiente, la enemistad y el dolor le ceden el paso a la pasión y la traición.

Nominada a dos premios Oscar, uno de los cuales es debido a “Orgullo y Prejuicio“, clásico del romance, Knightley trabaja en esta trama romántica cuya falta de coherencia y un personaje sin carisma la dejan desprotegida, orillandola a otorgar una actuación sin la chispa que le conocimos en “Piratas del Caribe: La Maldición del Perla Negra“.

 

Por su parte, Clarke, en la piel del esposo que divide su vida entre su trabajo reconstruyendo la ciudad enemiga y tratando de hacer lo mismo con su matrimonio, también falla en crear empatía con su relación sentimental, siendo mucho mejor su desarrollo en cuestiones bélicas, como lo ha demostrado en papeles en cintas como “La Noche Más Oscura“.

El caso del ganador del Globo de Oro Skarsgård difiere un poco, brillando más en su actuación, considerando que su personaje también se limita por la trama. En conjunto, el triángulo amoroso adolece de falta de encanto y es a menudo difícil de creer, tanto en tiempo, en acciones fortuitas y decisiones injustificadas de los protagonistas.

El mundo de “Viviendo con el Enemigo” es por el contrario el cimiento que mantiene de pie la cinta. La crudeza de las rebeliones violentas, el vistazo a las familias que lo perdieron todo, el retrato de una ciudad echa pedazos, cayéndose aun día con día. A la par de la historia en la que se centra la cámara, parece más interesante dar una ojeada al mundo que está detrás, mirar por arriba de los hombros de los protagonistas y apreciar la desolación que está a sus espaldas.

Así, el contexto histórico parece desaprovechado pasando a ser solo uno de los varios problemas del triángulo amoroso. De otra manera en la que lograramos conectar con los personajes centrales, en la que lograran que nos intrigara el romance que nos presentan, “Viviendo con el Enemigo” sería una cinta completa, quizás un clásico. Porque tiene escenas entrañables, está llena de detalles para disfrutar, tiene emociones que nos une como humanos, pero se esfuerza por contar un amor convencional con poca gracia y poco sentido.